Las primeras semanas en un nuevo puesto condicionan todo lo que viene después. Un onboarding sólido acelera el tiempo hasta la plena productividad, fomenta el compromiso y reduce drásticamente la rotación temprana. Un onboarding deficiente —o inexistente— deja a las nuevas incorporaciones con dificultades y cuestionando su decisión.
Esta guía proporciona un marco práctico para el onboarding: qué preparar antes de la llegada, cómo estructurar la primera semana y los hitos durante los cruciales primeros 90 días.
El verdadero coste de un mal onboarding
Las organizaciones subestiman el impacto del onboarding. Los estudios muestran de forma consistente que los empleados que experimentan un onboarding estructurado alcanzan la plena productividad significativamente más rápido que aquellos que se las arreglan por su cuenta.
La rotación temprana es costosa: costes de selección, inversión en formación y costes de oportunidad de los puestos vacantes. Una parte sustancial de los empleados que dimiten durante el primer año toma esa decisión en sus primeras semanas.
Más allá de los costes directos, un mal onboarding daña la reputación del empleador. Las nuevas incorporaciones hablan de sus experiencias, influyendo en las decisiones de futuros candidatos.
Preparación previa a la incorporación
El onboarding comienza antes del primer día. La fase previa a la incorporación —el período entre la aceptación de la oferta y la fecha de inicio— establece el tono.
Envíe comunicaciones de bienvenida que confirmen la logística y expresen entusiasmo. Proporcione materiales de lectura previa que ayuden a las nuevas incorporaciones a comprender la empresa y su rol.
Complete las tareas administrativas con antelación: contratos firmados, formularios fiscales enviados, equipos solicitados. Nada frustra más un primer día que maratones de papeleo.